Escuela Normal Superior N° 7 "José María Torres"

 
 

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Historia

JOSÉ MARÍA TORRES

José María Torres era español. Nació en Málaga, el diecinueve de abril de 1825; y allí hizo con éxito sus primeros estudios.

A los diecisiete años, obtuvo por concurso, un asiento en la Escuela Normal Central, que algún tiempo antes había sido fundada en Madrid, con el objeto de formar directores de Escuelas Normales en Inspectores de Instrucción Primaria. Sus estudios terminados brillantemente, le otorgaron el título de Profesor Normal. En junio de 1846 fue nombrado Visitador de Escuelas de Instrucción Primaria; miembro de la Comisión Examinadora de Maestros e individuo de la Sociedad Económica de Amigos del País, cuya acción consistía en amparar toda iniciativa de engrandecimiento y prosperidad de la patria.

En estos puestos, desempeñados siempre, con verdadero espíritu pedagógico, llevó a la práctica las teorías formuladas en el aula, donde había sido compañero de Avendaño y Carderera, educacionistas que hicieron honor a la Madre Patria. En septiembre del mismo año, le nombraron Vicedirector de la Escuela de Málaga. Un brillante informe sobre su actuación como tal, dio lugar a un ascenso; y por una Real Orden del 26 de mayo de 1849, se le nombró Inspector de Instrucción Primaria, en la Provincia de Alicante, puesto que desempeño hasta 1853.

La Actuación del Señor Torres fue más sentida como Inspector de Instrucción Primaria, pues fomentó la creación de escuelas; consiguió dar rumbos definidos a la enseñanzas, e introdujo métodos que aún no habían sido probados, con orientaciones ya definitivas.

En 1853, pasó a Cádiz, con el mismo puesto de Inspector. Más conocido ya, su influencia fue eficaz, pues consiguió que se crearan nuevos institutos y escuelas, entre las cuales es timbre de gloria para él, la fundación de la primera escuela de maestras que se estableció en España.

En 1875, y por razones de mejor servicio, fue trasladado a Madrid, donde en ambiente más adecuado, realizó su tarea en forma tal, que por una Real Orden fue declarado Inspector de Primera Clase, y se le asignó un sobresueldo extraordinario (1º de marzo de1861).

Después de veinte años de servicios prestados con asiduo fidelidad a su patria, reveses de la fortuna le obligaron a abandonarla.; y se dirigió a las Repúblicas del Plata, llevando el deseo de ofrecer a sus gobiernos, la fundación de una Escuela Normal para formar preceptores.

Llegado a Montevideo a fines de 1864, pensó establecerse allí, pues se le prometía el puesto de Director General de las Escuelas, una vez que se pacificaron los pueblos orientales divididos entonces por la guerra civil.

Sin otras ocupaciones dedicóse, entre tanto, a escribir sobre asuntos educacionales y sus producciones tuvieron acogida rigurosa en "La Reforma Pacífica" donde colaboró largos meses.

Pero su carácter no se avenía y con ocio obligado en que estaba desde su arribo a Montevideo; y después de un cambio de correspondencia con algunas personas de significación en nuestro país, resolvió mudar de residencia, y en septiembre de 1864 emprendió el viaje a Buenos Aires./

En el mes de octubre del mismo año, era nombrado Vicerrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, y al mismo tiempo Inspector de dicha clase de establecimientos, en la República. Su labor fue, desde entonces, intensa, efectiva, profusa.

Es de todos conocida su acción disciplinaria como Vicerrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, el más notable de la época, por la amplitud de los programas de estudio y por la calidad de profesores y alumnos. Inolvidables son las páginas de "Juvenilia", donde se pinta la vida del Colegio y el carácter de sus maestros, entre las cuales aparecen las figuras del sabio V. Amadeo Jaques, Director del establecimiento, y la del inflexible V. José María Torres, su Vicerrector. La rígida disciplina, la tiranía de Torres, reglamentó los horarios del internado.

Magistrados y particulares se entregaban con fe y entusiasmo al estudio de los grandes problemas del porvenir; y todos cimentaban el triunfo nacional futuro, en la educación de las masas.

Así es que el 30 de mayo de 1865, el Doctor Costa comunica: "antes había encomendado a nuestro Ministro Plenipotenciario en los estados Unidos de la América del Norte, Coronel Sarmiento el estudio de la organización de la enseñaba en aquella República, que con toda preferencia debe ser nuestro guía, así por haber alcanzado en un grado de perfección que en ningún pueblo ha excedido en materia de educación, como por haber nosotros adoptado sus mismas instituciones".

En casi todas las provincias, la Nación, costeaba colegios o ayudaba a las autoridades a sostenerlos. Los había en Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, San Juan, Catamarca, Tucumán y Salta. El número de alumnos iba en ascenso, se proyectaban obras, y se adquirían útiles para dotarlos. En Entre Ríos, el general Urquiza, que fue un gran propulsor de la enseñanza había ya fundado o hecho fundar escuelas de niñas o de varones, tanto en la costa del Uruguay como en la del Paraná. El histórico Colegio del Uruguay había sido incorporado en 1815, a los Colegios de la Nación y estaba bajo la inspección del gobierno central.

El Inspector Juan P. Ramos, en su historia de la Instrucción Primaria en la República Argentina, al estudiar la época dice: "durante la administración del General Mitre, la Nación comienza a subvenciona regularmente la Instrucción Primaria en las provincias. No alcanzan a mucho las cantidades acordadas anualmente por presupuesto, pero cuando menos, indican ya en el Gobierno Federal, la aspiración a Intervenir con su ayuda en el régimen escolar de las provincias".

En el presupuesto vigente en el año 1869, se hallaba creado un puesto de Inspector de Colegios; pero no se había provisto, tal vez por falta del elemento competente para desempeñarlo. El Señor Torres, cuya actuación como Inspector Local y como Vicerrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, era descollante, fue la persona propuesta para llenar aquella misión y puede verse la confianza que inspiraba el gobierno, por las facultades que le fueron conferidas.

Su actividad maravillosa, halló espacio para desenvolverse, y en el año escolar recorrió las provincias del Litoral fundando en el Colegio de Corrientes, un departamento para la enseñanza de preceptores. Colaboró en la reforma del Plan de Estudios y en el decreto orgánico de las Escuelas Normales. De acuerdo con el Gobernador que era entonces el general Urquiza, proyectaron un edificio que debía servir para una Escuela Normal de Preceptoras que el Gobierno debía fundar en el Uruguay. Desgraciadamente el edificio quedó sin terminar a causa de la guerra civil y el asesinato del General Urquiza en Entre Ríos.

El trece de julio de 1870 se fundó en Paraná la Escuela Normal. El Señor Torres fue el encargado de recibir bajo inventario, muebles y útiles del colegio que tenía fundado allí la "Asociación Protectora de Enseñanza".

Su actividad, su rectitud, su imparcialidad de criterio, le hicieron conocer como el verdadero apóstol educacional de la época. No es, pues, extraño que al tratar de fundar las escuelas normales en el país fuera él el que alentara los programas de estudio y los reglamentos correspondientes.

En el año 1872reza un párrafo de la Memoria Ministerial: "el Señor Inspector de los Colegios Nacionales, ha visitado la Escuela Normal de Paraná, no necesito encomiar la laboriosidad de este funcionario, porque es ya conocida. Su residencia en cada Provincia se ha distinguido por grandes mejoras en la educación, que tiene en su origen en su fecunda iniciativa..."

A partir del año 1876 se producen cambios en la escuela Normal de Paraná. El Señor Torres era llamado a hacerse cargo del establecimiento, como Inspector de Colegios Nacionales. La marcha de la escuela fue progresiva, bajo el gobierno de quien con tanto amor se ocupó de ella, modificó los programas, aumentó el personal, amplió el edificio y convirtió en un curso de cinco años el profesorado, dejando en tres el de maestros.

En el año 1862 se realizó un Congreso con asistencia obligatoria para las Escuelas Normales de la Nación. El Señor Torres tuvo a su cargo una exposición sobre "Sistemas Rentísticos Escolares más convenientes para la Nación y las Provincias". Este trabajo contiene ideas fundamentales sobre Instrucción cívica y Moral, en los países republicanos.

El 1 º de febrero de 1873 el Señor Torres fue llevado nuevamente a la Inspección de las Escuelas Normales y los Colegios Nacionales. En la memoria de dicho año el Doctor Wilde hace notar las deficiencias de los planes de estudio y las ventajas que reportaría la visita del Inspector para la disciplina de las Casas de Educación. A pesar de su quebrantada salud, el Sr. Torres aceptó la misión y recorrió las provincias del Litoral aconsejando algunas reformas de importancia en lo que se refería a la disciplina y a la parte económica.

En 1885, encontrándose realmente cansado, el eminente educacionista resolvió pedir su retiro. Tenía entonces 62 años de edad, una fiebre palúdica adquirida en los viajes a las regiones del norte de la República, minaba su enérgica naturaleza. Después de cuarenta años de servicio prestados por mitades a la Enseñanza en España y en la República Argentina, quería entregarse a otra clase de tareas que completarían la realizada hasta entonces.

Mientras esperaba, al frente de la Escuela Normal de Paraná, la concesión de su retiro fue sorprendido el 7 de septiembre de 1885, por la presentación al Congreso, de un proyecto de Ley en el que se acordaba su jubilación con sueldo íntegro.

Obtuvo grandes manifestaciones de gratitud, entre ellos, el de Manuel Gorostiaga. Se trasladó a Buenos Aires y fue a ver a uno de sus antiguos discípulos.

El 20 de octubre de 1885 se entregó a la tarea de escribir su obra pedagógica. En 1887 publicó "Primeros Elementos de Educación"; en 1888,"El Arte de Enseñar"; en 1889, "La Metodología" y por último, en 1890, "La política Doméstica".

A partir de 1892 se traslada a Paraná, y a pesar de su quebrantada salud, que le había dejado un ligero temblor en las manos y un movimiento nervioso de la mandíbula, su aspecto imponía respeto pues aún conservaba la expresión de una energía que la edad no había cambiado. Dos años permaneció al frente de la Escuela Normal de Paraná a la que él llamaba Facultad Normal y en el año 1894 se retira definitivamente de la enseñanza.

Establecido de nuevo en Buenos Aires, pasaba largos meses en los lugares donde su hija y sus nietos de encontraban. Así le sorprendió la muerte en Gualeguay, en casa de su yerno V. Pedro A. García, Gerente del banco de la Nación, el día 17 de septiembre de 1895.

 

 

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